Me rondaba una idea en la cabeza de la que no quería hablar sino después de llevarla a cabo; ahora que no sucederá puedo hablar de ella.Goethe, Werther.
jueves, mayo 10, 2007
Una idea en la cabeza
lunes, mayo 07, 2007
Goethe?
Goethe es un famoso escritor alemán, conocido principalmente por su obra emblemática, "Fausto".
Pero antes de hizo de renombre en su época con su novela "Las cuitas del joven Werther", que viene a ser un bálsamo para los jóvenes sentimentalmente tristes por un amor no correspondido.
Supe por vez primera del libro mientras leía "La inmortalidad", de Milan Kundera.
Ahora, lo más interesante de todo, es que un conocido mío dijo que "¿Esta historia no es acaso una que podría bien tener sitio en Puebla? ¿Historia carlística? Juzgad.
Místico.
Pero antes de hizo de renombre en su época con su novela "Las cuitas del joven Werther", que viene a ser un bálsamo para los jóvenes sentimentalmente tristes por un amor no correspondido.
Supe por vez primera del libro mientras leía "La inmortalidad", de Milan Kundera.
Ahora, lo más interesante de todo, es que un conocido mío dijo que "¿Esta historia no es acaso una que podría bien tener sitio en Puebla? ¿Historia carlística? Juzgad.
"El joven Werther relata, por una serie de cartas, al amor que siente por Charlotte, una joven que está comprometida con un oficial cuando Werther la conoce. Confundido por la amistad que le demuestra ella, pero sobre todo por su imaginación -avivada por sus lecturas-, Werther pierde poco a poco el contacto con la realidad".
Místico.
domingo, mayo 06, 2007
Me acostumbré
"Me acostumbré tanto a anhelar algo, que ahora no puedo anhelar otra cosa."
* La frase que ingenuamente considero como buena cuando simplemente es rara.
Carlos Alberto Cortez
* La frase que ingenuamente considero como buena cuando simplemente es rara.
sábado, mayo 05, 2007
Las cosas de las que me arrepiento
Pensaba escribir una serie de cosas de las que me arrepiento: amores, desamores, proyectos sin éxito, peleas, errores estratégicos, amores meramente mentales, entre otras cosas.
Ahora bien, seré franco, y diré que aquella frase que reza algo como "de lo único que me arrepiento, es de las cosas que no intenté", es ya bastante vieja y conocida como para que la mencione y eche a andar un poco las ideas sobre ellas.
Más bien, me parece que una frase más deliciosa, más suculenta para la mente, sería una como:
De lo único que me arrepiento, es de mis aciertos.
Por cierto que la frase original es más larga, con un par de ideas más, pero la verdad es que únicamente se habría hallado sobre cargada.
Y así como es un recurso en el género de terror -novelas, cuentos, películas- el que el mal permanezca escondido, para que se reproduzca morbosamente en la mente de los espectadores, así quiero yo que esta frase sea: que cada quién le interprete a su forma, por simple que pueda ser.
¿No alguien había dicho que las cosas simples de la vida son las únicas necesarias?
Ahora bien, seré franco, y diré que aquella frase que reza algo como "de lo único que me arrepiento, es de las cosas que no intenté", es ya bastante vieja y conocida como para que la mencione y eche a andar un poco las ideas sobre ellas.
Más bien, me parece que una frase más deliciosa, más suculenta para la mente, sería una como:
De lo único que me arrepiento, es de mis aciertos.
Por cierto que la frase original es más larga, con un par de ideas más, pero la verdad es que únicamente se habría hallado sobre cargada.
Y así como es un recurso en el género de terror -novelas, cuentos, películas- el que el mal permanezca escondido, para que se reproduzca morbosamente en la mente de los espectadores, así quiero yo que esta frase sea: que cada quién le interprete a su forma, por simple que pueda ser.
¿No alguien había dicho que las cosas simples de la vida son las únicas necesarias?
jueves, mayo 03, 2007
Cuándo aceptar, y cuándo no (2)
Acerca de lo general.
Mi primera aproximación a ésta idea es en cuanto a lo general: a la sociedad, a las costumbres, a la moral, a la ciudad en la que vivimos, y las personas que en ella viven.
¿Qué cosas cambiar de esta sociedad, de esta ciudad, de este país, y qué cosas no? He allí la cuestión más importante de este rubro.
En el pasado, en mi país -México de mis amores y mis tristezas-, mucha gente se ha acostumbrado tanto, por ejemplo, a la cultura de la tranza de la era del PRI (para el que no lo sepa, es un grupo político que durante varias décadas mantuvo el monopolio del poder, mantieniendo en una deplorable situación al país). Y estan tan acostumbrados, que le ven natural, e incluso, ellos mismos se justifican al hacerlo, declarando que "no hay otra forma en que se hacen las cosas". Una conocida mía, que por cierto estudió algo relacionado a las ciencias políticas, de una gran tradición del PRI en su familia, mencionaba que para ella era de lo más natural "que las élites vivan bien, a costa del pueblo", ya que esa es la forma en que el mundo se mueve, y hay que aceptarlo. Así como ese, muchas personas se han acostumbrado mucho a diversas costumbres que afectan a la sociedad en su conjunto, mas, viéndolas tan arraigadas, no pueden pensar siquiera en la posibilidad de un cambio -que, desde luego, sería muy complicado y tardado, mas nunca imposible-.
Hay, por otra parte, personas que pensamos que las cosas pueden cambiar, o más bien, que deben cambiar. No importa que sean difíciles, no importa que otras costumbres estén tan establecidas, no importa que tome tiempo, quizás décadas, hacerlo. Siempre es necesario, por complicado o tardado que sea.
Desde luego que la cuestión persiste: ¿qué cosas cambiar de la sociedad nuestra, y qué cosas simplemente aceptar?
Mi primera aproximación a ésta idea es en cuanto a lo general: a la sociedad, a las costumbres, a la moral, a la ciudad en la que vivimos, y las personas que en ella viven.
¿Qué cosas cambiar de esta sociedad, de esta ciudad, de este país, y qué cosas no? He allí la cuestión más importante de este rubro.
En el pasado, en mi país -México de mis amores y mis tristezas-, mucha gente se ha acostumbrado tanto, por ejemplo, a la cultura de la tranza de la era del PRI (para el que no lo sepa, es un grupo político que durante varias décadas mantuvo el monopolio del poder, mantieniendo en una deplorable situación al país). Y estan tan acostumbrados, que le ven natural, e incluso, ellos mismos se justifican al hacerlo, declarando que "no hay otra forma en que se hacen las cosas". Una conocida mía, que por cierto estudió algo relacionado a las ciencias políticas, de una gran tradición del PRI en su familia, mencionaba que para ella era de lo más natural "que las élites vivan bien, a costa del pueblo", ya que esa es la forma en que el mundo se mueve, y hay que aceptarlo. Así como ese, muchas personas se han acostumbrado mucho a diversas costumbres que afectan a la sociedad en su conjunto, mas, viéndolas tan arraigadas, no pueden pensar siquiera en la posibilidad de un cambio -que, desde luego, sería muy complicado y tardado, mas nunca imposible-.
Hay, por otra parte, personas que pensamos que las cosas pueden cambiar, o más bien, que deben cambiar. No importa que sean difíciles, no importa que otras costumbres estén tan establecidas, no importa que tome tiempo, quizás décadas, hacerlo. Siempre es necesario, por complicado o tardado que sea.
Desde luego que la cuestión persiste: ¿qué cosas cambiar de la sociedad nuestra, y qué cosas simplemente aceptar?
martes, mayo 01, 2007
Porqué él sí y no yo
No, mi intención no es quejarme del porqué una chica escogió a otro, y a mi me hubo de deseñar, no. Tampoco quejarme acerca de un puesto que le dieron a un cierto tipo en vez de a mí. Y en general, no me quiero quejar de lo que, en general, podría pensarse al leer el título.
Más bien mi queja va encaminada a algo mucho más simple, mucho más tonto quizás, y quizas ridículo, sin la menor importancia. Simplemente quiero expresar mi desazón con respecto al juicio que sobre mi (no) humilde persona ejercen muchas personas a mi alrededor, no porque sea éste incorrecto o infundado, sino porque me hacen ver más patán de lo que verdaderamente soy al compararme con otro amigo mío, más joven que yo, he de decir.
Todo comenzó en una tarde en un café, en que me hallaba sentado con una amiga platicándo acerca de mil cosas -lo intrascendente es lo único interesante hoy día, pareciera ser-, cuando, de pronto, le comenté algo al respecto de una chica con la que alguna vez había salido. "Ese acto estuvo muy mal, mi querido amigo", dijo. No tuve más que asentir.
Y al poco rato, ella comentó que le parecía muy gracioso que un amigo nuestro, al que llamaré Julián, le hacía la corte a una damisela. Decía que a ella le parecía bonito -¿pero qué diablos es considerado hoy bonito?- que él se le hubiera declarado a los pocos días de conocerse -a pesar de que ella no hubiera dado el espacio necesario-, que era encantadora la forma en que él hacía cosas que ella le prohibía, y cosas así.
Olvidémonos del punto de vista que ustedes como lectores, y yo como narrador, tenemos sobre esta clase de comportamiento. Simplemente, centrémonos en el punto de vista de esta querida amiga mía, que dice, en otras palabras: adoro ver la inmadurez con la que demuestra su interés por ella. En esa frase hay que poner atención en un par de palabras: en inmadurez, y en interés.
En su libro "La inmortalidad", Milán Kundera menciona, en alguna parte del libro -me parece que al principio-, que un personaje suyo, Agnes, cuando era una jovencita, por un lado disfrutaba ver la inmadurez de un pretendiente suyo, pues eso demostraba que estaba verdaderamente interesado en ella; y por otra parte, esa inmadurez le molestaba.
Me atreveré a decir que el punto de vista de mi amiga es muy parecido: en esa inmadurez hay algo simpático. Hay, dentro de eso, un par de cosas que observar: la primera es el hecho de que ciertas acciones, cometidas en cierta edad, son lindas, mas en otras resultan una verdadera aberración. La segunda cosa, es que mi amiga disfrutaba ver esta clase de cosas en la inmadurez del amigo nuestro, Julián, pero porque ella no era parte de ese acto.
Vayamos por partes. Primero, con respecto a que hay acciones que se critican y censuran a cierta edad. Durante la plática, yo mencioné cierto error que cometí con una linda chica hace apenas medio año. La amiga mía no se reservó palabra de crítica alguna, tachándome, incluso, de "necio, tonto y obsesivo" (yo diría que la palabra caprichoso es suficiente). Mas, luego, este amigo nuestro, Julián, no sólo había incurrido en el mismo error, sino que lo había hecho más grande. Pero, pare Julián no hubo palabra alguna de censura, sino todo lo contrario: mi amiga hablaba de cuán tierno se había mostrado. Esto me mostró dos cosas también: la primera, que un acto así puede, en cierta forma, ser considerado bueno cuando se tuvo éxito -por más tonto o estúpido que pueda ser-, convirtiéndose en algo admirable; mas, cuando se falla, sólo existe como un error garrafal, convirtiéndose en un acto plenamente censurable. Y la otra cosa es que esta comparación, entre este amigo y un servidor, es que mi error, a mi edad, es una tontería, mientras que, cometido a su edad, es un encanto esa inmadurez. Es decir, hay cosas que son peor vistas en personas de mayor edad -vicios, excesos, etc, pero nunca había visto que el mismo hecho tuviera connotaciones completamente diferentes a edades distintas.
Ahora bien, el segundo más importante aspecto, es que hay actos que se nos parecen lindos, siempre y cuando le ocurran al pŕojimo. Porque esta amiga mía, dentro de todo, había tenido a su vez un pretendiente hace cierto tiempo, el cual cometía con ella toda clase de excesos, y dentro de éstos, muchos en los que incurríamos Julián y yo (ella misma los cometió durante cierto tiempo). Así que una vez que la relación llegó a su fin, no pudo soportar que otro hombre se comportara de esa forma con ella. Pero una vez más, no dejaba de calificar a lindo lo que Julían hacía, claro, ¡mientras ella no fuera parte de la escena!. Quizás era, ahora que lo pienso, por la seguridad de ver la obra como una mera espectadora. Es así que hay personas que aman las películas de terror -aunque un suceso así en sus vidas es lo menos que esperan-, o las tragedias -que nadie desea experimentar-. Así que ello era lindo, siempre y cuando ella no estuviera inmiscuida en ello.
La crónica nos deja dos cosas: para algunas personas, hay actos que a edades distintas, pueden tener pesos completamente distintos. Y el segundo punto, es que a veces resulta conmovedor o satisfactorio observar distintos actos pintorescos, simpre y cuando nosotros seamos meros espectadores.
Más bien mi queja va encaminada a algo mucho más simple, mucho más tonto quizás, y quizas ridículo, sin la menor importancia. Simplemente quiero expresar mi desazón con respecto al juicio que sobre mi (no) humilde persona ejercen muchas personas a mi alrededor, no porque sea éste incorrecto o infundado, sino porque me hacen ver más patán de lo que verdaderamente soy al compararme con otro amigo mío, más joven que yo, he de decir.
Todo comenzó en una tarde en un café, en que me hallaba sentado con una amiga platicándo acerca de mil cosas -lo intrascendente es lo único interesante hoy día, pareciera ser-, cuando, de pronto, le comenté algo al respecto de una chica con la que alguna vez había salido. "Ese acto estuvo muy mal, mi querido amigo", dijo. No tuve más que asentir.
Y al poco rato, ella comentó que le parecía muy gracioso que un amigo nuestro, al que llamaré Julián, le hacía la corte a una damisela. Decía que a ella le parecía bonito -¿pero qué diablos es considerado hoy bonito?- que él se le hubiera declarado a los pocos días de conocerse -a pesar de que ella no hubiera dado el espacio necesario-, que era encantadora la forma en que él hacía cosas que ella le prohibía, y cosas así.
Olvidémonos del punto de vista que ustedes como lectores, y yo como narrador, tenemos sobre esta clase de comportamiento. Simplemente, centrémonos en el punto de vista de esta querida amiga mía, que dice, en otras palabras: adoro ver la inmadurez con la que demuestra su interés por ella. En esa frase hay que poner atención en un par de palabras: en inmadurez, y en interés.
En su libro "La inmortalidad", Milán Kundera menciona, en alguna parte del libro -me parece que al principio-, que un personaje suyo, Agnes, cuando era una jovencita, por un lado disfrutaba ver la inmadurez de un pretendiente suyo, pues eso demostraba que estaba verdaderamente interesado en ella; y por otra parte, esa inmadurez le molestaba.
Me atreveré a decir que el punto de vista de mi amiga es muy parecido: en esa inmadurez hay algo simpático. Hay, dentro de eso, un par de cosas que observar: la primera es el hecho de que ciertas acciones, cometidas en cierta edad, son lindas, mas en otras resultan una verdadera aberración. La segunda cosa, es que mi amiga disfrutaba ver esta clase de cosas en la inmadurez del amigo nuestro, Julián, pero porque ella no era parte de ese acto.
Vayamos por partes. Primero, con respecto a que hay acciones que se critican y censuran a cierta edad. Durante la plática, yo mencioné cierto error que cometí con una linda chica hace apenas medio año. La amiga mía no se reservó palabra de crítica alguna, tachándome, incluso, de "necio, tonto y obsesivo" (yo diría que la palabra caprichoso es suficiente). Mas, luego, este amigo nuestro, Julián, no sólo había incurrido en el mismo error, sino que lo había hecho más grande. Pero, pare Julián no hubo palabra alguna de censura, sino todo lo contrario: mi amiga hablaba de cuán tierno se había mostrado. Esto me mostró dos cosas también: la primera, que un acto así puede, en cierta forma, ser considerado bueno cuando se tuvo éxito -por más tonto o estúpido que pueda ser-, convirtiéndose en algo admirable; mas, cuando se falla, sólo existe como un error garrafal, convirtiéndose en un acto plenamente censurable. Y la otra cosa es que esta comparación, entre este amigo y un servidor, es que mi error, a mi edad, es una tontería, mientras que, cometido a su edad, es un encanto esa inmadurez. Es decir, hay cosas que son peor vistas en personas de mayor edad -vicios, excesos, etc, pero nunca había visto que el mismo hecho tuviera connotaciones completamente diferentes a edades distintas.
Ahora bien, el segundo más importante aspecto, es que hay actos que se nos parecen lindos, siempre y cuando le ocurran al pŕojimo. Porque esta amiga mía, dentro de todo, había tenido a su vez un pretendiente hace cierto tiempo, el cual cometía con ella toda clase de excesos, y dentro de éstos, muchos en los que incurríamos Julián y yo (ella misma los cometió durante cierto tiempo). Así que una vez que la relación llegó a su fin, no pudo soportar que otro hombre se comportara de esa forma con ella. Pero una vez más, no dejaba de calificar a lindo lo que Julían hacía, claro, ¡mientras ella no fuera parte de la escena!. Quizás era, ahora que lo pienso, por la seguridad de ver la obra como una mera espectadora. Es así que hay personas que aman las películas de terror -aunque un suceso así en sus vidas es lo menos que esperan-, o las tragedias -que nadie desea experimentar-. Así que ello era lindo, siempre y cuando ella no estuviera inmiscuida en ello.
La crónica nos deja dos cosas: para algunas personas, hay actos que a edades distintas, pueden tener pesos completamente distintos. Y el segundo punto, es que a veces resulta conmovedor o satisfactorio observar distintos actos pintorescos, simpre y cuando nosotros seamos meros espectadores.
lunes, abril 30, 2007
Cuándo aceptar, y cuándo no (1)
En la vida uno siempre se encuentra con aspectos con los que uno se halla insatisfecho: nuestra vida, lo que sabemos, nuestra experiencia, nuestra cualidades y defectos, las de nuestras amistades, las de nuestra familia...
Así también hay cosas que no nos tienen plenamente satisfechos dentro de la sociedad en general, desde cosas que nos encantan, hasta cosas que nos parecen una aberración.
En ambos aspectos -en lo personal y en lo general-, hay cosas que podemos cambiar, y hay otras que no.
Acerca de aceptar las cosas.
Hay veces en la vida en que es necesario aceptar que las cosas no son como deseamos que sean, y es entonces que debemos, en vez de quejarnos, de estar en contra marea, simplemente aceptarlas. O al menos, eso es lo que se dice por todas partes hoy día.
De ejemplos hay millares: el lugar en donde nos tocó nacer, el lugar en donde nos tocó vivir, la educación que recibimos, la situación socio-económica del país, las cualidades y defectos propios, las de nuestra pareja, nuestro físico...
Y es que, muchas veces, sí es preciso aceptar a las cosas como son -o al menos, eso creo, al igual que la sociedad-. A veces, sólo a veces. Como cuando uno se pone a quejarse del lugar en donde nació: ¿podemos cambiarlo? no; ¿las cualidades y defectos de amistades, familia y pareja? quizás no; ¿podemos cambiar nuestro físico? lo dudo mucho; ¿podemos cambiar nuestro pasado? imposible.
Es así que, en muchas ocasiones, sí resulta preciso y sano el aceptar las cosas buenas y malas de la vida. Aceptar lo malo, lo bueno, y también todo lo demás. Ese sería el primer paso hacia una mayor apertura en la vida.
Acerca de no aceptar las cosas.
Aunque efectivamente en muchas ocasiones resulta casi imprescindible aceptar la realidad nuestra, es también cierto que en ocasiones hay cierto espacio de duda, cierto campo de acción, que hace que dudemos entre aceptar las cosas como son y entre cambiarlas. Cambiarlas, cambiarlas, cambiarlas.
Ahora bien, la cuestión más importante es ¿cuándo aceptar, y cuándo no?
Una primera idea es: tratar de cambiar las cosas cuando es posible, y cuando no, simplemente aceptarlas. Muy simple, quizás en demasía. Pero, finalmente, práctica y realista.
Así por ejemplo, si bien no es posible cambiar las cualidades y defectos de nuestra pareja, sí es posible que ésta deje de serlo; quizás no estemos de acuerdo con nuestro físico, pero sí podemos mantenerlo sano, con lo cual ya habremos ganado mucho; quizás no estemos de acuerdo con nuestro pasado, pero sí podemos cambiar nuestro futuro, en vez de aceptar la ruta que hasta entonces llevábamos.
Desde luego que a veces no es tan sencillo, ya que en otras ocasiones, la oportunidad de cambiar se nos presente, y quizás no sea la mejor opción tomar el cambio; en otras, el cambio es posible, y hasta deseable, pero resulta tan complicado, que uno piensa que no tiene el menor sentido.
Así también hay cosas que no nos tienen plenamente satisfechos dentro de la sociedad en general, desde cosas que nos encantan, hasta cosas que nos parecen una aberración.
En ambos aspectos -en lo personal y en lo general-, hay cosas que podemos cambiar, y hay otras que no.
Acerca de aceptar las cosas.
Hay veces en la vida en que es necesario aceptar que las cosas no son como deseamos que sean, y es entonces que debemos, en vez de quejarnos, de estar en contra marea, simplemente aceptarlas. O al menos, eso es lo que se dice por todas partes hoy día.
De ejemplos hay millares: el lugar en donde nos tocó nacer, el lugar en donde nos tocó vivir, la educación que recibimos, la situación socio-económica del país, las cualidades y defectos propios, las de nuestra pareja, nuestro físico...
Y es que, muchas veces, sí es preciso aceptar a las cosas como son -o al menos, eso creo, al igual que la sociedad-. A veces, sólo a veces. Como cuando uno se pone a quejarse del lugar en donde nació: ¿podemos cambiarlo? no; ¿las cualidades y defectos de amistades, familia y pareja? quizás no; ¿podemos cambiar nuestro físico? lo dudo mucho; ¿podemos cambiar nuestro pasado? imposible.
Es así que, en muchas ocasiones, sí resulta preciso y sano el aceptar las cosas buenas y malas de la vida. Aceptar lo malo, lo bueno, y también todo lo demás. Ese sería el primer paso hacia una mayor apertura en la vida.
Acerca de no aceptar las cosas.
Aunque efectivamente en muchas ocasiones resulta casi imprescindible aceptar la realidad nuestra, es también cierto que en ocasiones hay cierto espacio de duda, cierto campo de acción, que hace que dudemos entre aceptar las cosas como son y entre cambiarlas. Cambiarlas, cambiarlas, cambiarlas.
Ahora bien, la cuestión más importante es ¿cuándo aceptar, y cuándo no?
Una primera idea es: tratar de cambiar las cosas cuando es posible, y cuando no, simplemente aceptarlas. Muy simple, quizás en demasía. Pero, finalmente, práctica y realista.
Así por ejemplo, si bien no es posible cambiar las cualidades y defectos de nuestra pareja, sí es posible que ésta deje de serlo; quizás no estemos de acuerdo con nuestro físico, pero sí podemos mantenerlo sano, con lo cual ya habremos ganado mucho; quizás no estemos de acuerdo con nuestro pasado, pero sí podemos cambiar nuestro futuro, en vez de aceptar la ruta que hasta entonces llevábamos.
Desde luego que a veces no es tan sencillo, ya que en otras ocasiones, la oportunidad de cambiar se nos presente, y quizás no sea la mejor opción tomar el cambio; en otras, el cambio es posible, y hasta deseable, pero resulta tan complicado, que uno piensa que no tiene el menor sentido.
jueves, abril 26, 2007
Cuando las cosas van en contra
Cuando me siento a descansar los fines de semana, y voy, por ejemplo, a tomar un café a algún sitio, mientras pasa la gente distraída en ropa dominguera, o cuando voy a un jardín, con un libro en la mano, no puedo dejar de pensar en diversas situaciones hipotéticas.
Dentro de esas ideas, me viene una a la mente: ¿Qué hacer cuando las necesidades de uno van contra marea con respecto a las de la sociedad en turno? Y a la sociedad en turno, me refiero a la sociedad de un lugar y un tiempo definidos. ¿Cambiar para la sociedad, o la sociedad debe cambiar para uno?
Pongamos como ejemplo las mujeres. Las mujeres, aunque tienen mayor presencia en el escenario actual que en otras épocas, aún tienen muchas batallas por pelear: en algunos lugares más, en otros lugares menos. Pero, para contextualizar, hablemos de la situación de una mujer que tuviera ideas actuales -social, intelectual y sexualmente-, y que hubiera nacido en la edad media.
Me imagino que toda una serie de dificultades habría tenido que pasar, ya que ella, desde varios aspectos, se vería atada a las leyes de un tiempo que no tenía demasiado interés en garantizar igualdad de género. La vida, desde todos los aspectos, le habrían resultado complicadísimos. ¿Y qué hacer, entonces? Quizás la batalla era demasiado grande, quizás inmensa, y ella, una sola, incapaz de cambiar las cosas.
Así, como esa mujer, vería que la sociedad entera, que todas las personas, que todas las mujeres, que todos los hombres, que todo mundo, juega un papel absurdo, retrógrada, discriminatorio, injusto. Sí, quizás levantaría la voz, y ¿la escucharían? ¡Qué cúmulo de adjetivos habrán de caer sobre ella!
Sin embargo, yo veo que eso pasa todavía hoy en día, quizás en mucho menor grado, para un grupo de minorías: mujeres, homosexuales, indígenas, discapacitados, y otros grupos se ven, en mayor o menor medida, quizás no en todo el mundo pero sí en diversos lugares, con una sociedad que les rechaza, que les corroe.
Entonces, es que me pregunto: ¿qué hacer cuando este mundo se presenta tan distinto en ideales y costumbres a las de los individuos?
Dentro de esas ideas, me viene una a la mente: ¿Qué hacer cuando las necesidades de uno van contra marea con respecto a las de la sociedad en turno? Y a la sociedad en turno, me refiero a la sociedad de un lugar y un tiempo definidos. ¿Cambiar para la sociedad, o la sociedad debe cambiar para uno?
Pongamos como ejemplo las mujeres. Las mujeres, aunque tienen mayor presencia en el escenario actual que en otras épocas, aún tienen muchas batallas por pelear: en algunos lugares más, en otros lugares menos. Pero, para contextualizar, hablemos de la situación de una mujer que tuviera ideas actuales -social, intelectual y sexualmente-, y que hubiera nacido en la edad media.
Me imagino que toda una serie de dificultades habría tenido que pasar, ya que ella, desde varios aspectos, se vería atada a las leyes de un tiempo que no tenía demasiado interés en garantizar igualdad de género. La vida, desde todos los aspectos, le habrían resultado complicadísimos. ¿Y qué hacer, entonces? Quizás la batalla era demasiado grande, quizás inmensa, y ella, una sola, incapaz de cambiar las cosas.
Así, como esa mujer, vería que la sociedad entera, que todas las personas, que todas las mujeres, que todos los hombres, que todo mundo, juega un papel absurdo, retrógrada, discriminatorio, injusto. Sí, quizás levantaría la voz, y ¿la escucharían? ¡Qué cúmulo de adjetivos habrán de caer sobre ella!
Sin embargo, yo veo que eso pasa todavía hoy en día, quizás en mucho menor grado, para un grupo de minorías: mujeres, homosexuales, indígenas, discapacitados, y otros grupos se ven, en mayor o menor medida, quizás no en todo el mundo pero sí en diversos lugares, con una sociedad que les rechaza, que les corroe.
Entonces, es que me pregunto: ¿qué hacer cuando este mundo se presenta tan distinto en ideales y costumbres a las de los individuos?
Inalcanzable
La verdad es que hay una frase que revolotea en mi mente desde hace varios días, en que me preocupaba por un asunto, dándome cuenta que le tomé mayor importancia en cuanto se hubo de complicar. No es que antes no me importara, sino que tomó mayor importancia en cuanto noté que era casi inalcanzable.
No sé si la frase ya la había dicho alguien (lo cual es bastante probable), y si así fue, no recuerdo quién. Pero aquí va:
Nada resulta tan bello, como cuando parece inalcanzable.
Me pregunto porqué son así las cosas en esta vida. Masoquismo, egoísmo, distracción, vaya uno a saber las verdaderas fuentes de su origen.
No sé si la frase ya la había dicho alguien (lo cual es bastante probable), y si así fue, no recuerdo quién. Pero aquí va:
Nada resulta tan bello, como cuando parece inalcanzable.
Me pregunto porqué son así las cosas en esta vida. Masoquismo, egoísmo, distracción, vaya uno a saber las verdaderas fuentes de su origen.
martes, abril 10, 2007
Quisiera
Quisiera tener más tiempo entre mis manos, y así, quizás, poder satisfacer los deseos todos de mi alma: trabajar catorce horas, ver un par de películas, hacer un par de horas de deporte, escuchar a los amigos, aconsejarlos, y pedirles consejo al son de una taza de café, leer un par de libros, escribir notas en mi diario, y dar cariño, mucho cariño. Poder, con un tropel de horas entre las manos: besar, ser besado, pensar, reflexionar, perdonar, ser perdonado, escuchar, opinar, aconsejar, ser aconsejado, acompañar, abrazar, jugar, bromear, aprender, compartir, discutir, llorar, reir...
Qué pena que el mundo, siempre avanzando, no alcance a descubrir alguna forma en que podamos tener más horas en nuestros días, y así dar todo de sí no sólo a nosotros mismos, sino también a los demás. Compartir más vida nuestra con los demás, tan sólo eso.
Qué pena que el mundo, siempre avanzando, no alcance a descubrir alguna forma en que podamos tener más horas en nuestros días, y así dar todo de sí no sólo a nosotros mismos, sino también a los demás. Compartir más vida nuestra con los demás, tan sólo eso.
martes, marzo 06, 2007
A veces
A veces me pregunto en qué momento cedemos: a nuestros miedos, a nuestros gustos, a nuestras ilusiones, a nuestros ideales, a nuestras ideas, a nuestras costumbres. Y me preguntó también ante qué situaciones, ante qué clase de personalidades, ante qué momentos de nuestra vida es que nos vemos más propensos a dejar de ser, a dejar de querer, a dejar de temer, a dejar de soñar.
A veces uno desea profundamente llorar, gritar, maldecir, gemir. Y entonces le acompaña a uno el dolor, que se resiste a morir, que parece un parásito que vive a costa nuestra, un simple recuerdo terrible. A veces semanas, a veces días, a veces meses. Y a veces se olvida. A veces.
Y a veces, sin que uno se de cuenta, el mismo suceso, tantas otras veces transcurrido en nuestra vida -quizás veinte o treinta veces-, el mismo, que tanto conocemos, que tanto odiamos, que tanto tememos, se presenta ante nuestros ojos, mas no como le conocímos, no como lo recordábamos. Esta vez se ha revestido de una nueva apariencia, que le vemos distinto. Y, al verlo más de cerca, nos damos cuenta que ya no es tan terrible, no solo en su apariencia, sino en su esencia. ¿Es que ya se ha acostumbrado el alma a su visión terrible? ¿acaso sus golpes ya no no arrancan gritos?
Y en una ocasión como esa, en que el dolor deja de ser dolor, en que la vida presenta un suceso tantas veces experimentado, muchas veces temido y odiado, ahora convertido en un mero suceso común, se pregunta uno: ¿qué fue lo que hizo que me dejara de doler este terrible dolor tantas veces experimentado, tantas veces verdugo de mi alegría? Y el dolor, que vino de la pérdida del amor, fue apagado por un viejo conocido: el amor. Un amor que esta vez llama a entregarse sin condición. Y que llama a entregarse porque esta vez, ser amado es lo de menos.
A veces uno desea profundamente llorar, gritar, maldecir, gemir. Y entonces le acompaña a uno el dolor, que se resiste a morir, que parece un parásito que vive a costa nuestra, un simple recuerdo terrible. A veces semanas, a veces días, a veces meses. Y a veces se olvida. A veces.
Y a veces, sin que uno se de cuenta, el mismo suceso, tantas otras veces transcurrido en nuestra vida -quizás veinte o treinta veces-, el mismo, que tanto conocemos, que tanto odiamos, que tanto tememos, se presenta ante nuestros ojos, mas no como le conocímos, no como lo recordábamos. Esta vez se ha revestido de una nueva apariencia, que le vemos distinto. Y, al verlo más de cerca, nos damos cuenta que ya no es tan terrible, no solo en su apariencia, sino en su esencia. ¿Es que ya se ha acostumbrado el alma a su visión terrible? ¿acaso sus golpes ya no no arrancan gritos?
Y en una ocasión como esa, en que el dolor deja de ser dolor, en que la vida presenta un suceso tantas veces experimentado, muchas veces temido y odiado, ahora convertido en un mero suceso común, se pregunta uno: ¿qué fue lo que hizo que me dejara de doler este terrible dolor tantas veces experimentado, tantas veces verdugo de mi alegría? Y el dolor, que vino de la pérdida del amor, fue apagado por un viejo conocido: el amor. Un amor que esta vez llama a entregarse sin condición. Y que llama a entregarse porque esta vez, ser amado es lo de menos.
miércoles, noviembre 15, 2006
Cuando las lágrimas no salen
Recuerdo que alguna vez alguien me informó de un suceso completamente lamentable. Yo, que por entonces me hallaba totalmente sumido en la sensibilidad, producto de una serie de desafortunados eventos, fui presa de un gran dolor, que me hizo sentir un estado de desalación absoluta. Mis ideas perdieron su orden, mi cordura de perdió instantáneamente, y simplemente, me llevé las manos a la cara. Estaba destrozado completamente, con las esperanzas deshechas y sueños echados por la borda.
Sin embargo, por alguna razón que desconozco, las lágrimas no hubieron de fluir por mi rostro marchito. Sentía que estaban por salir en cualquier momento, que mi cuerpo manifestaría su aflicción expulsándolas violentamente. Mas nada brotó de mis tristes ojos. ¿Porqué? De verdad que lo ignoro. Quizás fue que me reprimí, quizás fue estaba demasiado aturdido, quizás algo más que desconozco.
Y entonces entendí que, muchas veces, uno puede llorar sin lágrimas, sin que los ojos se hallen húmedos, y a veces, sin que uno parezca lleno de dolor.
Sin embargo, por alguna razón que desconozco, las lágrimas no hubieron de fluir por mi rostro marchito. Sentía que estaban por salir en cualquier momento, que mi cuerpo manifestaría su aflicción expulsándolas violentamente. Mas nada brotó de mis tristes ojos. ¿Porqué? De verdad que lo ignoro. Quizás fue que me reprimí, quizás fue estaba demasiado aturdido, quizás algo más que desconozco.
Y entonces entendí que, muchas veces, uno puede llorar sin lágrimas, sin que los ojos se hallen húmedos, y a veces, sin que uno parezca lleno de dolor.
miércoles, noviembre 08, 2006
Me imagino
Me imagino tus grandes ojos negros,
clavados en lo profundo de mi pecho,
en una mirada sin velo,
y preciosa, tan cálida como el sol entero.
Me imagino tus dulces labios rojos,
soplándome a mis ojos,
bajando, como el sol de otoño,
hasta de mis labios el arroyo.
Me imagino tu ardiente aliento,
abrazando el alma con recelo,
y al son de las campanas y su vuelo,
haciéndome tuyo, en un beso.
Me imagino la hermosura de tu sonrisa,
cantando en mi oído, cual hermosa lira,
los muestras de amor que habitan
entre nosotros dos, día a día.
Me imagino tus cabellos en mi pecho,
mis brazos rodeando tu cuerpo,
yo amando tu ser interno,
y tú, amando mi corazón desierto.
Me imagino que sólo un sueño,
podría recrear magníficos sucesos,
¡ay!, si tan sólo aquel te fuera ajeno,
si tan sólo no fuera un simple sueño.
clavados en lo profundo de mi pecho,
en una mirada sin velo,
y preciosa, tan cálida como el sol entero.
Me imagino tus dulces labios rojos,
soplándome a mis ojos,
bajando, como el sol de otoño,
hasta de mis labios el arroyo.
Me imagino tu ardiente aliento,
abrazando el alma con recelo,
y al son de las campanas y su vuelo,
haciéndome tuyo, en un beso.
Me imagino la hermosura de tu sonrisa,
cantando en mi oído, cual hermosa lira,
los muestras de amor que habitan
entre nosotros dos, día a día.
Me imagino tus cabellos en mi pecho,
mis brazos rodeando tu cuerpo,
yo amando tu ser interno,
y tú, amando mi corazón desierto.
Me imagino que sólo un sueño,
podría recrear magníficos sucesos,
¡ay!, si tan sólo aquel te fuera ajeno,
si tan sólo no fuera un simple sueño.
miércoles, septiembre 20, 2006
Soledad
Y cuando la noche oscura
con su inarrancable penumbra,
llegue a mi estancia diurna,
no serás una simple pasión absurda.
Y cuando escucho tu claro canto,
que llena todo el espacio,
sé que no estoy solo y platicando,
sino que estoy inmerso en tus suaves brazos.
con su inarrancable penumbra,
llegue a mi estancia diurna,
no serás una simple pasión absurda.
Y cuando escucho tu claro canto,
que llena todo el espacio,
sé que no estoy solo y platicando,
sino que estoy inmerso en tus suaves brazos.
miércoles, septiembre 06, 2006
Ya tiemblo
Ya tiemblo de dolor
y ya siente mi corazón
que una terrible confesión
me arrebatará la razón.
Ya siento el pésame
para mi amor marchito,
de aquella amiga, que resignada
me dio funesto aviso.
y ya siente mi corazón
que una terrible confesión
me arrebatará la razón.
Ya siento el pésame
para mi amor marchito,
de aquella amiga, que resignada
me dio funesto aviso.
Son mis amigos
Son mis amigos mi fuerza,
mi alegría, mi consuelo,
cuando la tristeza fría
llega funesta a mi vida.
Son sus risas mis risas,
y escucho con mucha alegría
sus bromas cínicas;
son sus carcajadas
brisa que refresca el alma.
mi alegría, mi consuelo,
cuando la tristeza fría
llega funesta a mi vida.
Son sus risas mis risas,
y escucho con mucha alegría
sus bromas cínicas;
son sus carcajadas
brisa que refresca el alma.
miércoles, agosto 30, 2006
Huiré
Huiré a otro país,
huiré de tus cafés pupilas,
y de tu voz preciosa,
de tu presencia toda.
Me olvidaré de tu recuerdo,
no buscando otros besos,
ni otros ojos bellos,
ni tan negros cabellos;
sólo sé que antes de enero
olvidarte por completo deseo.
huiré de tus cafés pupilas,
y de tu voz preciosa,
de tu presencia toda.
Me olvidaré de tu recuerdo,
no buscando otros besos,
ni otros ojos bellos,
ni tan negros cabellos;
sólo sé que antes de enero
olvidarte por completo deseo.
Amanecer
Ya cantan dulces aves
una dulce canción,
y escucho en la lejanía
de la muchedumbre el clamor.
Yo entonces recuerdo
que la noche recién transcurrida
me trajo malas noticias
¡ay de mí, de mi vida marchita!
una dulce canción,
y escucho en la lejanía
de la muchedumbre el clamor.
Yo entonces recuerdo
que la noche recién transcurrida
me trajo malas noticias
¡ay de mí, de mi vida marchita!
¿Qué soñaré?
¿Qué soñaré hoy?
el dolor del corazón
me atormenta con furor;
quiera la noche serena
calmar todas mis penas.
el dolor del corazón
me atormenta con furor;
quiera la noche serena
calmar todas mis penas.
Ella me preguntó
Ella me preguntó
cómo la vida iba;
y le pregunté yo
cómo iba su curso de medicina.
No quería recriminarle
ni tampoco disculparme.
Yo en cambio añoraba
preguntarle por mis errores,
y que ella me confesara
en qué falle entonces.
cómo la vida iba;
y le pregunté yo
cómo iba su curso de medicina.
No quería recriminarle
ni tampoco disculparme.
Yo en cambio añoraba
preguntarle por mis errores,
y que ella me confesara
en qué falle entonces.
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