A veces quisiera, francamente, poderme olvidar de ellas. No haberlas tenido jamás en mi mente, jamás tan cerca de mí. No haberlas vivido, no haberlas recordado de manera tan intensa. Haberlas vivido, sí, pero quizás de una manera en que pudiera olvidarlas como cualquier otro evento sin importancia.
Imágenes que me hicieron derramar lágrimas de alegría, lágrimas que me arrancan el llanto de la melancolía y la nostalgia. Terribles son ahora, sombras de un pasado que no pudo llegar a ser, sombras de un futuro que fue mutilado. Recuerdos de mis ilusiones, recuerdos de mi desdicha.
Y es así como debe de ser, porque son precisamente las cosas que más nos agradan, las que más oportunidad tienen, bajo ciertas circunstancias, de herirnos. Y eso es porque les hemos permitido entrar hasta lo más profundo de nuestras corazones.
3 comentarios:
Y bueno, al margen, felicidades porque second life les está quedando de huevos. El pedo como siempre, es la interacción con los demás.
Seguro las imágenes y recuerdos más intensos son precisamente los que al traerlos de nuevo a la mente nos duelen más, pero piensa esto, si no los hubieras vivido con intensidad habrías desperdiciado esos momentos que inundan la vida de eso, de vida.
Remedios: Gracias. Y sí, supongo que precisamente es eso, que la felicidad fue tan grande que dejó un hueco aún mayor.
Pero en efecto esa alegría fue intensa lo suficiente como para dejar una marca indeleble.
Publicar un comentario